jueves, 22 de octubre de 2015

DESINTELIGENCIA ENTRE SEXOS.

"Suponemos que lo que yo necesito lo necesita también el otro. Y no es así. Un hombre puede leer como amor las peticiones ķde palabras de su mujer, y otro sentir que es una crítica pedirle que haga lo que no hace..."

 Paula Serrano

Los hombres se agotan con razón de que las mujeres necesiten palabras de amor para sentirse queridas.

Las mujeres se agotan con razón de que los hombres nunca quieran hablar de amor... ni de desamor.

Los hombres evitan.

Las mujeres insisten.

¿Quién pierde?

Ambos.

Si hubiera una norma constitucional que declarara que hombres y mujeres tienen necesidades distintas, y que quienes quieran tener pareja deben respetar estas diferencias, estaríamos salvados. Porque los niños tienen derechos distintos de los adultos, y si un padre o una madre no le aportan el abrigo y la alimentación requerida, el Estado puede intervenir.

¿Por qué no hay normas para dirimir las diferencias en las parejas constituidas? Porque creemos que somos iguales. Con diferencias individuales, al final somos adultos con las mismas necesidades. ¿Por qué asistimos a diario a tanto desencuentro y tanta tristeza inútil?

No solo somos distintos los hombres y las mujeres, también cada ser humano por su particular historia y biología. Sin embargo, suponemos que lo que yo necesito lo necesita también el otro. Y no es así. Un hombre puede leer como amor las peticiones de palabras de su mujer, y otro sentir que es una crítica pedirle que haga lo que no hace.

Y el argumento para dirimir es culpar al otro de no ser como yo necesito que sea o por ser como es.

La ciencia nos prueba hasta el cansancio que cada configuración humana es única y que la combinación entre esta y la historia (que va desde el clima, los olores, las temperaturas, el cariño y la ternura recibidos, los abandonos que marcaron, los miedos que se instalaron) hacen de cada individuo una experiencia irrepetible.

Podemos llegar a acuerdos, no podemos cambiar a otro. El amor es eso. La aceptación del otro. Con rabias, frustraciones, desencuentros. Podemos pedir, pero en cada pedido está el derecho del otro a negarse.

¿Qué hacer para convertir estas sencillas premisas en normas o leyes? Nada. Ninguna ley o norma nos puede proteger de la diferencia.

Solo podemos llegar a acuerdos, negociar, comprender, imaginar, crear formas nuevas. Cambiar los hábitos, empezar de nuevo. Intentar hasta que duela.

Pero sobre todo, recordar que son esas diferencias que parecen insalvables las que hacen del amor una aventura. Se aburren del amor solo los que no quieren recorrer ese camino, que parece duro, y lo es, pero es también fascinante.

LA METAMORFOSIS : un siglo de influencias .

Centenario Novela clave del autor checo.

Franz Kafka usó la fantasía para escribir sobre la condición y las inquietudes del ser humano moderno, temas que después serían abordados por la literatura contemporánea.  

Daniela Sánchez M.

 Corría la primera década del siglo XX cuando un hombre convertido en insecto vio la luz a través de las páginas de una novela corta, La metamorfosis , escrita en alemán por Franz Kafka en 1912 y publicada en octubre de 1915.

Para Carla Cordua -filósofa chilena, autora del libro Kafka en primera persona - La metamorfosis es una narración original y novedosa pero construida a partir de una idea antigua: proveniente del griego, "metamorfosis" es un concepto que da a entender un cambio drástico, utilizado en la mitología griega para designar el proceso de transformación de los dioses. María José Viera-Gallo, periodista y escritora, añade que fue este libro el que volcó la mitología a un mundo cerrado, urbano e industrializado, cuestionando la condición humana.

Un sujeto de su época

Kafka nació en la capital del imperio astrohúngaro en 1883. Su padre hablaba checo, mientras que su madre hablaba alemán, y ambos eran judíos. Heredero de dos culturas, Kafka conoció la Torá -aunque no fue practicante- y a su vez recibió una educación germana. Ambas tradiciones fueron fuente de inspiración para sus relatos: tanto el cuestionamiento existencial del judaísmo, como las inquietudes propias del romanticismo y el expresionismo alemán.

Carolina Brncic, académica de la Universidad de Chile, explica que estas influencias hicieron que los temas abordados en la obra de Kafka se originen en su historia de vida, pero que a su vez sean inquietudes propias de su época. "Kafka se universaliza porque sus tópicos siguen teniendo vigencia hasta el día de hoy, pero que poseen una resonancia y un origen en preocupaciones que son las de su tiempo, y que no son solo las de los años 1910 o 1920, sino que vienen desde la crisis de fines del siglo XIX. En este sentido es un sujeto de su época", señala.

Esa crisis de fines del siglo XIX tiene que ver con el cuestionamiento del sujeto moderno, y fue abordada por los artistas del expresionismo alemán. Sin embargo, Kafka nunca participó de esta corriente -ni de ninguna otra- porque no se asumía como escritor de tiempo completo, solo utilizó la escritura como desahogo.

La alienación, la cosificación del ser humano, la deshumanización y el enclaustramiento fueron algunos de los temas abordados por el escritor y que se convirtieron en grandes tópicos desarrollados por el existencialismo a partir de los años 30. "Kafka no se halla dentro de la generación de los existencialistas franceses, pero se adelanta en todos los tópicos a Sartre, está en sintonía con lo que hace Jaspers en ese momento, y se vincula, desde una perspectiva religiosa, a lo que está haciendo Heidegger", explica la académica.

Monstruosa transformación

Para el crítico literario Camilo Marks, La metamorfosis es una de las obras clave del siglo XX, además de ser el libro más accesible del autor checo. "Leer a Kafka es difícil, hay que tener paciencia, te exige, te compromete. El lector debe tener una preparación previa; en cambio, La metamorfosis lo puede leer alguien de enseñanza básica y lo entiende", explica Marks.

El relato se ha posicionado como una de las obras primordiales de la literatura contemporánea por distintos motivos: la originalidad de su arranque, el uso de lo fantástico en la cotidianidad, la incorporación de temas propios del cuestionamiento existencial del hombre moderno.

Su inicio -"Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto"- es considerado por el escritor Gonzalo Contreras como "uno de los comienzos narrativos más violentamente originales de la literatura contemporánea". Contreras destaca la transformación del espacio cotidiano por uno perturbado "en el que subsisten las peores acechanzas del mundo moderno y que configuran un universo cerrado y compacto, carente de comprensión e interpretación".

Gregorio Samsa sabe que ha sufrido una gran transformación, pero solo piensa en su empleo, en sus padres y en la rutina que tiene que llevar a cabo. Jaime Collyer afirma: "Kafka suprime el asombro ante lo fantástico, ese es, creo, su gran aporte, que va a identificar a una parte sustancial de la narrativa contemporánea. Lo inexplicable se instala por derecho propio en mitad de lo real, fagocitándolo. Y eso es una nueva forma de vivir la realidad, propia del ciudadano desconcertado de nuestros días, ese que somos todos".

La exclusión, la desintegración, el odio filial, la subordinación, el miedo al otro, son algunos de los temas que Kafka introduce en su narrativa -especialmente en La metamorfosis - y que terminan siendo inquietudes generalizadas del ser humano de su época. Como señala Brncic, "lo interesante es cómo un asunto biográfico se transforma en una cuestión existencial, del sujeto que va más allá del sujeto Kafka, pero que uno puede ver claramente en la correspondencia de Carta al padre ".

Un mundo de influencias

Cuando Peter H. Stone le preguntó a Gabriel García Márquez cómo había empezado a escribir, para la revista Paris Review, él le respondió que fue gracias al descubrimiento de La metamorfosis de Kafka. Leer este libro fue una sorpresa porque, según cuenta, no tenía la menor idea de que alguien podía escribir de esa manera. "Si hubiese sabido, habría empezado a escribir hace tiempo", dijo. Impulsado por el relato, escribió su primer cuento, "La tercera resignación", publicado en el suplemento literario de El Espectador en 1947. Ocho años más tarde publicó La hojarasca , y el resto es historia.

Por su parte, Jorge Luis Borges aparece como el primer traductor de La metamorfosis , publicada por la editorial Losada en 1938. Cordua -quien ha leído las obras de Kafka en su idioma original- señala que, a pesar de ser bastante buena, tiene algunos errores de traducción. "Borges individualiza al monstruo con un nombre natural, mientras que Kafka nombra, en alemán, al monstruo como un bicho, con una palabra genérica que no indica una especie determinada. Cuando el editor quiso ilustrar la primera publicación del cuento, Kafka se negó porque una ilustración habría sido la copia de un animal y él se esforzó, usando un vocabulario muy especial, para que fuera imposible identificarlo", explica.

Sin embargo, según Marks, Borges no fue el traductor de esta obra ya que asegura que él no leía alemán, aunque sí escribió el prólogo a esta primera edición.

En varias entrevistas que dio el escritor argentino a Fernando Sorrentino -compiladas en su libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges - este le preguntó por qué en esa edición su estilo no era el habitual. Borges respondió: "Ello se debe a que yo no soy el autor de la traducción de ese texto. (...) Esa traducción ha de ser -me parece por algunos giros- de algún traductor español. Lo que yo sí traduje fueron los otros cuentos de Kafka que están en el mismo volumen publicado por la editorial Losada. Pero, para simplificar, se prefirió atribuirme a mí todo el volumen, y se usó una traducción acaso anónima que andaba por ahí".

De todas maneras, es el mundo kafkiano el que ha marcado a la literatura, tal como explica Camilo Marks: "Su influencia no es no es como la de Joyce, que inventó el monólogo interior; o como Virginia Wolf, que dio origen a la corriente de la conciencia. Kafka inventó un mundo propio que fue seguido, por ejemplo, por Cortázar. Se nota en Borges, en Bioy Casares, se nota en cuentistas chilenos; yo no concibo los cuentos de Jaime Collyer sin que él hubiera leído a Kafka".

Para María José Viera-Gallo, la influencia del escritor checo es vasta y recorre gran parte de la tradición literaria latinoamericana. "¿Qué sería de Borges, Juan Emar (llamado para su karma, 'el Kafka chileno'), del realismo mágico entero, sin La metamorfosis ?", se pregunta.

Mientras, Collyer ve el influjo kafkiano en el teatro de los 50, especialmente en las obras de Beckett, y en la narrativa de Günter Grass, Italo Calvino o Cortázar, quienes realizan una "renovación humorística de lo kafkiano", es decir, toman el procedimiento de lo kafkiano, el ritual incomprensible, para darle un giro hacia lo cómico.

 

Kafka no perteneció a ninguna corriente artística, sin embargo, sus temas reflejaban las inquietudes propias de su época. 

domingo, 11 de octubre de 2015

¿ A la altura del conflicto?

Los Partidos no sólo son golpeados por casos judiciales, sino por la ausencia de liderazgos que indiquen caminos de salida. La poca representatividad de sus directivas ha revuelto las aguas entre sus militantes, justo cuando son ellas quienes definirán en el Congreso las reglas del juego de un nuevo sistema político.

ENGEL: "TAL VEZ ESTA SEA LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA RECUPERAR LA CONFIANZA CIUDADANA"

Por David Muñoz y Juan Andrés Quezada

La presidenta del PS, Isabel Allende, llegó el lunes al comité político de La Moneda con una idea que transformó en una cruzada. La senadora hizo ver a sus pares y al gobierno la necesidad, a su juicio, de explorar un acuerdo transversal para que todos los senadores involucrados directa o indirectamente en investigaciones judiciales sobre financiamiento de campañas políticas hicieran un gesto de “prudencia” y se inhabilitaran de votar por el próximo fiscal nacional.

La propuesta encontró tibia respuesta. A la salida del encuentro, Allende insistió públicamente en sus argumentos y emplazó al senador de su partido Fulvio Rossi, a acoger el llamado a inhabilitarse, debido a la compleja situación que enfrenta en el caso SQM.

“Es mi opinión personal”, replicó más tarde la jefa del PS, cuya ofensiva, entre otros factores, terminó convenciendo al senador por Iquique —el miércoles a través de un comunicado informó su decisión de inhabilitarse—, lo que incluso arrastró al senador UDI Iván Moreira a decir que pese a participar del proceso, optaría por abstenerse, para evitar suspicacias dado que se encuentra formalizado en el caso Penta.

Más allá del éxito de la cruzada de Allende, en el PS precisan que se trata más bien de una arremetida personal que de una posición partidaria.

Este ejemplo revela que los intentos de mostrar un camino de salida a la crisis de legitimidad son más personales que colectivos.

Cuando las encuestas siguen situando a los partidos entre las instituciones más devaluadas en su imagen pública, las colectividades no sólo son golpeadas por investigaciones judiciales, sino también por la ausencia de liderazgos, cuando son los mismos partidos quienes deben definir en el Parlamento las reglas del juego de un nuevo sistema político que supere la crisis de confianza.

“El éxito de la agenda de probidad dependerá de los liderazgos, pero también del interés y presión de la sociedad civil”, dice Eduardo Engel (ver entrevista), lanzando una advertencia.

PROCESIÓN INTERNA

La pequeña crisis instalada por el caso Rajevic, cuya votación terminó siendo postergada gracias a un resquicio legal, hizo visible el desorden que se vive en la DC. Esa mañana el ex diputado Gutenberg Martínez ya señalaba en una radio que era necesario cambiar la estrategia y que el contralor debería ser una figura de oposición, para garantizar transparencia.

Las discusiones en diversos frentes se producen justo cuando al interior de los partidos, transversalmente, se viven días de convulsión y desorden. Sin distinción, en el oficialismo y en la oposición, la crisis política ha golpeado a sus dirigencias.

Mientras la presidenta del PS esta semana vio coronado como éxito la decisión de Rossi de inhabilitarse en el proceso de elección del contralor, no fue capaz de alinear al senador de su partido Alfonso de Urresti, quien se negó a dar su voto a favor de Enrique Rajevic, propuesto por Bachelet. Tampoco lo consiguió el vocero de gobierno, también socialista, Marcelo Díaz, amigo personal y de la misma corriente partidaria del senador en rebeldía, quien pedía un llamado directo de la presidenta, lo que, por cierto, nunca ocurrió.

propuestasAsí la gestión de Allende se ha visto tensionada entre su apuesta personal por instalar un liderazgo fuerte con eventuales proyecciones presidenciales y la necesidad de mantener a raya a figuras como Camilo Escalona o el propio Osvaldo Andrade. Este último ha protagonizado sendas polémicas desde la comisión de Constitución en la ley de partidos políticos y luego de hacer fracasar —con su voto en contra— la extensión del plazo para el funcionamiento de la comisión investigadora del caso Caval.

La pequeña crisis instalada por el caso Rajevic, cuya votación terminó siendo postergada gracias a un resquicio legal, también hizo visible el desorden que se vive en la DC. Esa mañana, el ex diputado e influyente figura DC Gutenberg Martínez señalaba en una radio que era necesario cambiar la estrategia y que el contralor debería ser una figura de oposición.

La señal de Martínez fue confusa para una colectividad que enfrentó días complejos luego de que su presidente, Jorge Pizarro, optara por viajar junto a su familia al Mundial de Rugby, mientras su región se sacudía de las consecuencias del terremoto. La decisión de Pizarro de no regresar reavivó las críticas internas a su gestión que lo habían debilitado en sus primeros días al frente de la DC, debido a la vinculación de la empresa Ventus, de propiedad de sus hijos, con aportes de SQM.

A su situación personal, Pizarro suma en sus espaldas la gestión de un ministro del Interior que se ha visto debilitado por el caso Rajevic, y por la conocida poca sintonía que tiene con Bachelet.

En el PPD se vive otro mundo. Mientras el presidente Jaime Quintana intenta mantener el rumbo, el senador Guido Girardi ejerce cada día más influencia en las sombras. “Yo voy a escoger al candidato presidencial del PPD”, ha comentado a sus cercanos. Él es partidario de apoyar a ME-O y se opone al apoyo a Lagos, pese a que un amplio sector del partido quiere proclamarlo.

En la oposición no hay escenarios muy distintos. A mediados del año pasado, el diputado Cristián Monckeberg asumió la presidencia de Renovación Nacional tras un acuerdo entre los principales líderes del partido —Andrés Allamand, Manuel José Ossandón, Alberto Espina, Carlos Larraín, entre otros—. Esto le ha valido tener poco margen de acción para moverse tanto en temas polémicos como valóricos o de derechos humanos.

Al ser tironeado por varios sectores del partido, Monckeberg no ha podido construir un liderazgo interno como el que tuvieron anteriormente otros presidentes de partido como Sebastián Piñera y el propio Larraín.

Además, ha tenido que moverse con mucha cautela para no inclinarse a favor o en contra de los candidatos presidenciales del partido.

Algo parecido le ha pasado a Hernán Larraín en la UDI, quien en abril pasado asumió la presidencia tras una tensa jornada protagonizada por un grupo de alcaldes disidentes luego que Jovino Novoa lograra imponer a uno de sus hombres —Guillermo Ramírez— en la secretaría general. Esto le ha impedido mantener absoluto control del partido, lo cual se ha reflejado en la irrupción de la candidatura presidencial del diputado José Antonio Kast y en la reciente rebelión de alcaldes liderada por Francisco de la Maza. El nuevo referente Alcaldes por Chile, que agrupa a ediles de la UDI y RN, justamente busca contrapesar el poder de los jefes de sus partidos de cara a las elecciones municipales del próximo año y también de las presidenciales, donde no descartan levantar una opción propia.

BOLSILLO DE PAYASO

—Senador, esto es de la Comisión Engel. Hágase la idea.
—Ministro, igual me parece un exceso. Por más que lo haya propuesto la Comisión Engel. Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que ha propuesto la comisión, pero regular en qué gastan los partidos sus recursos, me parece un exceso.
— ¿No estaremos siendo demasiado taxativos?

El diálogo se produjo el miércoles en la noche en el seno de la comisión especial del Senado encargada de conocer los proyectos relativos a probidad y transparencia. El ministro de la Segpres, Nicolás Eyzaguirre; el senador independiente Alejandro Guillier y el PPD Ricardo Lagos Weber, respectivamente, son los personajes de un diálogo que marcó la sesión de ese día. El gobierno y los senadores habían entrado a la “cocina” de uno de los temas más sensibles dentro del proyecto que regulará el financiamiento público de los partidos: las normas que permitirán controlar en qué va a gastar cada colectividad los recursos estatales recibidos. Entre las 260 indicaciones presentadas al proyecto, el Ejecutivo apuntaba en varias a hacer más estricta la regulación del gasto, lo que provocó la incomodidad evidente de los senadores. De hecho, la indicación que generó más debate fue aquella que establecía la obligación de destinar al menos el 40% del total de aportes recibidos a actividades generativas de bienes públicos, como la formación de militantes, formación cívica de ciudadanos o preparación de candidatos, entre otras, una de las propuestas de la comisión anticorrupción. Así, la ley dejaba un margen de un 60% que podría ser destinado al funcionamiento del partido, ya que, además el proyecto obligará a entregar el 10% a la formación de mujeres, gracias a la ley de cuotas.

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Los senadores de oficialismo y oposición se opusieron a limitar las decisiones de los partidos en el gasto de los recursos públicos que recibirán en el próximo período.

“Si a un partido se le ocurre ‘sabe qué más, a mis militantes les voy a comprar uniforme’, aquí no está el ítem para poder homologarlos a todos y que salgan corriendo con sus globos blancos, no está ese tema. Entramos en un detalle muy exhaustivo”, puntualizó Lagos Weber.

Incluso los senadores se negaron a que el ítem de gastos destinados a bienes públicos sea regulado por un instructivo del propio Servicio Electoral (Servel).

“Entiendo las reacciones, pero si se detienen a mirar en qué consisten estos ítems, hay un gran bolsillo de payaso, que es el gasto de funcionamiento del partido donde ustedes pueden hacer virtualmente cualquier cosa”, replicó Eyzaguirre.

Pero este no es el único aspecto en que las propuestas del propio gobierno han pasado el colador del Congreso. Y es que si bien el Senado está volcado al proyecto sobre el financiamiento, la Cámara ha avanzado en paralelo en su Comisión de Constitución en todo lo relativo a la ley de partidos, levantando más de una polvareda.

Hace unas semanas, los diputados de la comisión aprobaron elevar la exigencia de 0,25% del electorado que votó en la última elección de diputados en cada una de las regiones para poder constituir un partido político, a 0,50%, indicación presentada por los diputados Osvaldo Andrade (PS), Cristián Monckeberg (RN), y los DC Aldo Cornejo y René Saffirio.
La medida desató la furia de independientes y partidos en formación pues la exigencia del 0,25% formaba parte del compromiso suscrito por el gobierno y precisamente dichos sectores para terminar con el sistema binominal.

“Los estatutos de cada partido determinarán el sistema electoral y los procedimientos para la elección de sus autoridades”, dice la última indicación ingresada por La Moneda, siendo estos estatutos los que serán sometidos a escrutinio, aunque no neces ariamente universal.

“Es un comportamiento de cartel. Me parecería una inmoralidad que una vez derogado el binominal y establecido un sistema proporcional, repongamos aquello que permitió derogarlo”, dice el diputado Pepe Auth, quien anunció que intentará reponer la barrera de entrada comprometida a los independientes.

Otros dos temas que son clave en la discusión de la ley de partidos son las exigencias de reinscripción completa de la militancia y la obligación de establecer mecanismos de democracia interna para elegir a sus autoridades, ambas propuestas venidas de la Comisión Engel.

Si bien el proyecto del Ejecutivo exige la reinscripción en al menos tres regiones contiguas de un número de militantes equivalente al 0,25% del electorado que hubiere sufragado en la última elección de diputados, cifra que no podrá ser inferior a 500 personas, establece, además, el plazo de un año para cumplir con dicho requisito, lo que es considerado insuficiente.

Respecto de la democracia interna, el gobierno flexibilizó su idea original de que las elecciones se realizaran mediante el sistema “un militante un voto”, pues en las últimas indicaciones presentadas al proyecto, La Moneda decidió entregarles a los partidos la prerrogativa de elegir el sistema más adecuado.

“Los estatutos de cada partido determinarán el sistema electoral y los procedimientos para la elección de sus autoridades”, dice la última indicación ingresada por La Moneda, siendo estos estatutos los que serán sometidos a escrutinio, aunque no neces ariamente universal.

Antes de eso, el Congreso avanzó en el fortalecimiento del Servel, precisamente para administrar, fiscalizar y sancionar este nuevo orden en materia de financiamiento político. Si bien la Comisión Engel había propuesto una especie de fiscalía especial y un fortalecimiento del consejo directivo del servicio, nada de eso fue incorporado en el trámite legislativo.

Pese al aumento de sus atribuciones fiscalizadoras, llegando incluso a tener la prerrogativa de dictar sentencias como la cesación del cargo en caso de parlamentarios que quebranten la ley de gasto electoral, tanto parlamentarios como al interior del propio servicio han evidenciado las insuficiencias de la nueva entidad. “Si nos van a dar un rol de fiscalizadores, que nos financien como tales. Se nos prometieron 115 nuevos cargos, pero Hacienda dijo no, 38 este año y 38 el próximo. Para nosotros hay austeridad, pero los partidos van a recibir millones del Estado. No es justo”, concluye Mauricio Osorio, presidente de los funcionarios del Servel.

sábado, 10 de octubre de 2015

Es Cien años de soledad una obra maestra? Arturo Fontaine.

Simpatías y diferencias gabriel garcía márquez cien años de soledad

El domingo 28 de abril de 1968 Alone, el crítico literario chileno, dedicó su comentario semanal en El Mercurio a Cien años de Soledad, novela aparecida algunos meses antes, en 1967, y que había agotado ya tres ediciones. "Alone" es el pseudónimo de Hernán Díaz Arrieta (1891-1984), quien escribiera, entre muchos otros artículos y libros, una serie de luminosos ensayos acerca de En Busca del Tiempo Perdido publicados en 1928. El último tomo había aparecido en Francia sólo un año antes. ( Se pueden leer en el libro de Daniel Swinburn: Para Leer a Proust, la Mirada de Alone, El Mercurio-Aguilar, 2001) Fue un influyente comentarista de la poesía de Gabriela Mistral y es muy probable que haya sido "el primer descubridor" de Neruda. Desde luego, financió él mismo la publicación de Crepusculario, el primer libro de Neruda. Sus "crónicas literarias", como las llamaba, fueron decisivas para la inmediata consagración y continua presencia de la obra de Neruda en su país, que él nunca dejó de examinar, a veces, con reparos e incluso, diría, incomprensiones,  pero sin jamás dudar del talento genial del poeta. Era hombre de arraigadas convicciones liberales y enteramente opuesto a Neruda en cuanto a ideas políticas. En él se basó Roberto Bolaño para inventar al crítico literario "Farewell", personaje de su novela Nocturno de Chile.

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo." Así comienza este "relato compacto", dice Alone, "juntando en una misma frase un pretérito desconocido, después de un presente incógnito y frente a un futuro que más tarde se recordará".... Alone celebra la "impresión inmediata de soberana soltura que produce esa frase inicial..." Y más adelante afirma: "Realista hasta la crudeza minuciosa, a ratos mágico, inverosímil, siempre claro y sólido, el relato acumula en orden tal cantidad de hechos y dichos, de personas y de dramas, historias, anécdotas, episodios e intrigas que casi no se diría una novela sino un almacén, un tesoro de materiales novelescos alternados, vivos y fantásticos, de un interés que no decae y que se recorre apasionadamente, como un proceso de creación a la vista... Todo eso, hombres, animales, casos, cosas, casas, empujado por igual torbellino, de principio a fin, unos tras otros, verídicos o inventados, termina formando una masa que acaso sea la imagen de la humanidad: polvo, ceniza y nada."

Con todo, concluye: "No le falta sino un no se sabe qué... para ser llamada una obra maestra". Antes dice que uno va de acontecimiento en acontecimiento "lleno de vehemente curiosidad"... "pero sin que nada, en el fondo, le importe, como si se tratara de un espectáculo o de un juego"... Hay un no se qué  "de distante, de ajeno, aun se diría de exterior e inútil"... Alone habla de una "fundamental carencia"... "de una serenidad impasible"...de "la actitud del creador ...que no se inmuta por nada"... "Diríase una fuerza de la naturaleza. Pero le falta el alma".

No sé quién haya hecho una crítica más aguda a Cien años de Soledad. ¿Pero tiene razón Alone? Lo impresionante es que el propio García Márquez reconoce esta imperturbabilidad del narrador como un rasgo esencial de su novela: "Me contaba (mi abuela) las cosas más atroces sin conmoverse como si fuera una cosa que acababa de ver. Descubrí que esa manera imperturbable y esa riqueza de imágenes era lo que más contribuía a la verosimilitud de sus historias. Usando el mismo método de mi abuela, escribí Cien Años de Soledad. (Ver Plinio Apuleyo Mendoza: El Olor de la Guayaba, Editorial Oveja Negra, pg. 30)

El relato de "las cosas más atroces sin conmoverse" es , entonces, según el propio García Márquez una característica esencial de la construcción de su novela.  La atroz matanza de 3.000 trabajadores en la estación que cargaron en un tren de doscientos vagones y arrojaron al mar, es un ejemplo. Se impone la versión oficial: no existió. Salvo Aureliano y un tal Gabriel —cuya sigilosa novia, Mercedes, es hija de un boticario y consigue irse a París, donde escribe de noche en el cuarto en el que murió Rocamadour— parece que nadie cree en ella. Lo sorprendente no es que las autoridades responsables quieran borrar lo ocurrido,  sino que el pequeño y lejano pueblo de Macondo no sea afectado por esa tremenda matanza. No hay viudas, no hay novias, no hay hermanos ni hermanas, no hay hijos que padezcan esas muertes. No hay verdadero dolor ni duelo. En eso Alone intuyó algo real. La vida sigue como si nada.

Puesto en otros términos: en Macondo no hay lugar para la verdadera tragedia. El lado verdaderamente oscuro y agobiante de lo humano queda excluido. La muerte y el horror están vistos desde fuera de ellas. No es el ángulo subjetivo de Henry James o Proust o incluso Faulkner o Rulfo. O, para mencionar escritores más cercanos, de Carver y Naipaul, autores en los que hay un sufrimiento espeso y concentrado.  La tragedia exige espacios cerrados y una trama basada en unos pocos protagonistas. Kafka, por ejemplo, crea esos espacios confinados.

"Mi problema no fue imitar a Faulkner, sino destruirlo", ha dicho García Márquez. "Su influencia me tenía jodido".  (Plinio Apuleyo Mendoza, pg. 50) Los personajes de Faulkner -solitarios, arcaicos, condenados por su pasado- tienden a  encerrarse. Cien Años de Soledad está llena de personajes que se encierran en una pieza, en una casa.  Pero en Faulkner el pasado es una herida siempre abierta y los personajes no pueden escapar de él. El tono - y por consiguiente el mundo de Faulkner- es muchísimo más sombrío que el de la ficción de García Márquez.

La tragedia es posible si vemos el mundo desde Edipo. Pero si nos alejamos, Edipo es reemplazado por Creonte que tendrá su ciclo y también su tragedia —la muerte de su hija Antígona que causará además la muerte de su hijo y de su mujer— y así... La historia de la estirpe al alargarse en el tiempo y llenarse de episodios disímiles hace que cada una de esas tragedias pierda presión. Pero La Guerra y la Paz —" la mejor novela que se ha escrito", a juicio de García Márquez (Plinio Apuleyo de Mendoza, pg.49)— es episódica, no es propiamente una tragedia, pero hay en ella dolores hondos.  Lo que pasa es que  el narrador Tolstoyano habita  en el interior del mundo íntimo de sus muchos y variados personajes. García Márquez, en cambio, se sitúa en el punto de vista de la especie, de la estirpe que perdura idéntica a sí misma a través de las generaciones que nacen, viven y mueren. "Pues la historia de la familia era un engranaje de repeticiones irreparables, una rueda giratoria que hubiera seguido dando vueltas hasta la eternidad, de no haber sido por el desgaste progresivo del eje". (Cien Años de Soledad, Editorial Sudamericana, pg.334)

De hecho, cuando García Márquez ha querido narrar el dolor a secas ha recurrido a la no ficción.  Esto es sumamente sintomático. Y lo ha hecho con maestría. Ahí está su libro Noticia de un Secuestro.

Proust escribió páginas extraordinarias contando la muerte de la abuela. Hay esperanza y suspenso hasta el último minuto. La ternura del protagonista de la novela, su amor real por esa vieja y el sufrimiento que le causa el que sea arrancada de la vida sacuden y siguen sacudiendo en el recuerdo.  La extrañeza y violencia de la muerte, su misterio, se plantan delante nuestro con ferocidad. La muerte de Úrsula, la gran abuela de Cien Años de Soledad, está narrada completamente en otra cuerda. Su muerte es lenta y pacífica. La vieja se ha transformado antes de morir en un juguete de los niños.

523 años del descubrimiento de America..." La otra España..."

Por Rodrigo Serrano B.

"Con sombrero de ala ancha, y un clavel en la solapa, un don Juan se hizo a la mar; con la tierra a sus espaldas, la aventura en su mirada, su guitarra y un cantar..." Dice bellamente una canción de Juan Carlos Calderón, el gran autor popular español, pintando una hermosa metáfora del zarpe de aquellos valientes marinos que -atravesando mares ignotos y tempestuosos-, desafiando mil y un peligros, arribaron a las costas desconocidas de esta "América morena", hace ya más de quinientos años.

Ciertamente, aparte de todo aquello que canta el célebre grupo "Mocedades", traían también con ellos mucha ilusión, tantísimo temor, no pocas penas y un sentir incierto y nostálgico que -seguramente- los acompañó para siempre.

Es que la aventura no era nada de fácil. A los riesgos propios de cruzar el mar en pequeños barcos de madera, y enfrentar con ellos al océano salvaje e inmisericorde, sumaban las añoranzas y las angustias del hogar lejano, de la familia desvanecida en la distancia, y del entorno -único y singular- que permite y da forma a la individualidad de cada cual, y que languidecía -a la par- con el paso del tiempo, y el navegar rumbos contrarios.

La gran proeza de Cristóbal Colón y sus osados marineros ha de mirarse -luego de cinco siglos transcurridos- como el más grande aporte a la humanidad de aquellos hombres que poblaban algunos puertos de la España de entonces, y que se atrevieron -sin más- a emprender esa loca travesía transatlántica. Ellos, con sus legítimos deseos de riqueza, poder y aventura, tomaron riesgos inconmensurables, prácticamente a ciegas, y se enfrentaron -cara a cara- a lo impredecible y lo remoto, con medios insuficientes y precarios.

A Colón y a sus hombres, que proyectaron la vieja península sobre tierras nuevas y generosas, debemos también -y nada menos- la llegada al "Nuevo Mundo" de la fe católica que profesaba la corona española, con los reyes Fernando e Isabel de Castilla y Aragón a la cabeza. Ellos fueron los grandes artífices del descubrimiento de América, y representan el vínculo que nos une y nos permite seguir cantando: "Es la otra España, la que huele a caña, tabaco y brea; es la perezosa, la de piel dorada, la marinera...".

Tal vez sea la ultima oportunidad para recuperar la confianza

Eduardo Engel:

“Tal vez esta sea la última oportunidad para recuperar la confianza ciudadana”

El economista anunció el lanzamiento del Observatorio Anticorrupción, donde informarán el grado de avance de cada una de las 21 áreas que abordó la comisión.

Siete meses después de entregar a la presidenta Bachelet las propuestas del Consejo Anticorrupción —creado por el gobierno para regular el dinero y la política, entre otros temas—, Eduardo Engel —a través de la fundación Espacio Público— ha monitoreado el avance de los proyectos que han tenido una compleja tramitación en el Congreso.

Por ello, el economista anuncia en esta entrevista que el 6 de noviembre —en conjunto con su fundación y Ciudadano Inteligente— lanzarán el Observatorio Anticorrupción, donde informarán el grado de avance de cada una de las 21 áreas que abordó la comisión. “No es una tarea fácil si se quiere hacer en serio, y eso es lo que haremos”, advierte Engel.
“Este observatorio facilitará que la sociedad civil, los líderes de opinión y los medios puedan contar con la información para hacer seguimiento, opinar y presionar sobre los temas pendientes de la agenda”, agrega.

—En mayo usted dijo estar confiado en que la agenda de probidad sería aprobada en el Congreso. A su juicio, ¿los partidos políticos han estado a la altura de la circunstancias?
—Existen diferencias importantes al interior de cada partido respecto de las reformas que buscan transparentar y mejorar su democracia interna. Eso era esperable. La buena noticia es que un número creciente de líderes partidarios y parlamentarios se está convenciendo de que estas reformas son una oportunidad única, y tal vez la última, para recuperar la confianza ciudadana y así evitar derrotas electorales en un futuro cercano.

—En mayo, tras entregar su propuesta, usted dijo que la ciudadanía debía exigir que se cumpliera la agenda de probidad. Al parecer, ello no ha sucedido...
—El éxito de la agenda de probidad dependerá de tres factores: los liderazgos desde el gobierno, los liderazgos parlamentarios y la presión e interés de la sociedad civil. Aunque el desafío sigue siendo grande, hay avances importantes. En la Segpres hay un ministro (Nicolás Eyzaguirre) convencido de la importancia de esta agenda, lo cual no era obvio con sus antecesores. Entre los parlamentarios han emergido liderazgos y apoyos importantes, entre ellos Patricio Walker, Carlos Montes, Lily Pérez, Víctor Pérez y Alejandro Guillier, en el Senado; y Pepe Auth, Giorgio Jackson, Vlado Mirosevic, Pedro Browne y Aldo Cornejo en la Cámara.

—La senadora Lily Pérez ha protestado por una indicación presentada por los diputados de Osvaldo Andrade (PS) y Cristián Monckeberg (RN), para que los partidos sin representación parlamentaria no reciban aportes del Estado. ¿Qué opina?
—El financiamiento público de los partidos tiene dos componentes. El primero se reparte entre todos los partidos, en proporción al número de regiones donde están constituidos. Todos los partidos, con y sin representación parlamentaria, acceden a este componente, que asciende al 20% de las platas que el Estado entregará a los partidos. El segundo componente, en cambio, se reparte de manera proporcional a los votos obtenidos en la última elección de diputados. El problema que planteó la senadora se refiere al requisito que se agregó, mediante la indicación que usted menciona, de tener al menos un diputado electo para acceder a esta segunda componente. Nuestra propuesta no contemplaba este requisito, el cual me parece innecesario e injusto.

—¿Cómo regular para que las irregularidades del financiamiento privado de la política no se traspasen al financiamiento público?
—El principal problema que se ha destapado con los escándalos recientes de financiamiento electoral es la captura de la política por parte de intereses particulares, lo cual conlleva el riesgo de terminar legislando para quienes financian las campañas. Esto distorsiona la voluntad popular y genera, con toda justificación, una enorme desconfianza de la ciudadanía. El riesgo de captura del proceso legislativo por parte de intereses particulares no existe con el financiamiento público, porque no hay intereses privados en juego. Además, las reglas para asignar el financiamiento público son bien claras pues dependen de factores objetivos.

—Parlamentarios han advertido que se está desvaneciendo la idea de limitar las reelecciones.
—Discutimos este tema largamente y terminamos proponiendo que exista un límite a la reelección de los alcaldes, porque manejan recursos cuantiosos, no siempre con la transparencia y equipos humanos que uno desearía. Respecto de los parlamentarios, en cambio, como estos no manejan recursos y la rotación nos pareció razonable (40% no es reelegido), optamos por no proponer un límite a su reelección.

—Respecto a sus propuestas para que exista democracia interna, muchos partidos también han puesto trabas, ¿qué sabe al respecto?
—El gobierno ha ingresado indicaciones que mejoran el proyecto original, pero que en algunos temas clave son insuficientes. Por ejemplo, a propósito del tema de refichaje de afiliados, las indicaciones no aseguran que se contará con un padrón electoral confiable dentro de un plazo razonable. Tampoco resguardan debidamente los derechos de los afiliados, por ejemplo, estos no pueden recurrir a una instancia externa como el Tricel ante decisiones del Tribunal Supremo como sanciones y expulsiones.

lunes, 28 de septiembre de 2015

LA CORTE DE LA HAIGA

La corte de la Haiga
"Lo que trato de plantear es que no está bien que nos echemos tierra a los ojos para no ver que Bolivia sí ganó mucho esta semana en La Haya..."

Joe Black

Ustedes van a decir que soy un tipo oscuro, amargado y vinagre, pero yo me siento absolutamente pesimista con respecto a la demanda boliviana contra Chile en La Haya.

A mí no me hizo ni cosquillas la declaración solemne de la Presidenta Bachelet tras el fallo del jueves en que dijo "Bolivia no ha ganado nada".

Sé que muchos especialistas muy preparados y estudiosos se quebraron la cabeza bastante rato para dar con la famosa frase. Y se quedaron tranquilísimos apostando a que toda la opinión pública se echaría para atrás, relajada, y diría: "Ah, qué bueno, menos mal, Bolivia no ha ganado nada, ¡juíu!, y nosotros que supusimos lo peor".

Me acuerdo de ese típico mito ochentero sobre personas como Luis Miguel. La gente decía: "¿Tú crees que Luis Miguel es realmente feliz? ¿Con todas las miradas puestas sobre él, con la competencia descarnada del show business , con los incesantes viajes?". Y yo respondía: "Con ese talento, la buena pinta, el éxito, los sueños hechos realidad... ¡Obviamente que es feliz!".

Esto es lo mismo. Cuando me dicen: "¿Pero tú crees que Bolivia realmente ganó algo en La Haya, si la Corte no le dio la razón en todo su planteamiento?". Y yo respondo: "A nosotros nos dijeron que Bolivia había presentado un invento jurídico ante la Corte, una tinterillada absurda, una leguleyada exótica, una payasada de letrado bajo los efectos de alucinógenos. Se nos dijo que probablemente sería descartada por la Corte, porque la Corte es respetuosa del Derecho y es obvio que lo que estaba haciendo Bolivia era buscar un subterfugio astuto, pero francamente extravagante, para intentar modificar el Tratado de 1904, que estaba vigente y es intangible como cualquier Tratado. Pero la Corte, por 14 votos a 2, le dijo a Chile que Bolivia sí tenía un caso legítimo. Entonces, ¡obviamente que Bolivia ganó algo! Ganó la posibilidad de llevar a Chile a un juicio internacional para obligarlo a negociar sobre una salida soberana al mar".

No quiero que me malentiendan. Yo no estoy diciendo que Evo Morales tenga la razón. Lo que trato de plantear es que no está bien que nos echemos tierra a los ojos para no ver que Bolivia sí ganó mucho esta semana en La Haya. Obviamente, tampoco creo que la Corte tenga la razón. No puede tenerla, porque el más básico sentido común indica que el objetivo de Bolivia sí es modificar el Tratado de 1904. La Corte, por tanto, no tiene la potestad de permitir que algo así ocurra. Entre otras cosas, porque cuando la Corte nació el Tratado ya llevaba más de 40 años vigente. El resto es chamullo. Igual que el chamullo que se mandó esta misma corte (ahora comienzo a nombrarla con minúscula) en el juicio con Perú. También el sentido común indicaba que el límite marítimo o existía o no existía. Pero no podía ser que solo existía hasta una cierta parte y que después, en algún lugar de altamar, se esfumaba. Es igual que el dicho popular: una persona puede estar embarazada o no embarazada. Pero no puede estar solo un poco embarazada. La famosa corte de La Haya, ese cuerpo colegiado de juristas que alguna vez nos hicieron creer que era una suerte de Tribunal Cuasi Celestial, integrado por puros Seres Jurídicos Superiores, es bastante más de medio pelo; permítanme que les diga. "Es harto flaite la corte", como me lo hizo ver un taxista el viernes en la mañana. Por eso, por flaite, desde hoy, para mí se pasará a llamar "La corte de la Haiga".