jueves, 27 de octubre de 2016

EL DERRUMBE DEL " OTRO MODELO ".


Antes de la elección de Bachelet algunos advertimos en medios nacionales y extranjeros que su programa, si podía llamársele así, iba a poner a Chile en un camino ruinoso y de alto costo en términos de prestigio .

Axel Kaiser

Hace apenas tres años, un grupo selecto de intelectuales de izquierda, entusiasmados con la ya entonces clara victoria por venir de Michelle Bachelet en las presidenciales, proclamaba en un famoso libro, presentado por la mismísima Bachelet, que el modelo de desarrollo de Chile, falazmente llamado "neoliberal", estaba agotado. Celebraban que se había asentado una "nueva hegemonía", es decir, un nuevo conjunto de ideas y creencias que exigían un profundo cambio al sistema económico e institucional imperante por décadas para abandonar lo que denunciaban como una inmoral mercantilización de ámbitos sensibles de la vida de las personas.

Lo que debía hacerse, dijeron, era un verdadero "régimen de lo público" en que el Estado, es decir, políticos y burócratas, con su moralidad y conocimientos superiores a los del mercado, o sea a la de los individuos actuando libremente, asumiría el rol central en el progreso ético y social del país. Se trataba, en términos simples, de reinstaurar en Chile un añejo modelo socialista en que el Estado recuperaba espacios centrales para la vida de las personas, de modo de igualarlas en todo aquello considerado un "derecho social". Interesantemente, el libro reconocía que bajo el sistema "neoliberal" el país había progresado como nunca en su historia, pero al mismo tiempo lo condenaba por dejar demasiada libertad -mercado- a los individuos, lo que, en esta visión, era incompatible con el interés general y los deberes de solidaridad recíprocos de una comunidad política. Se trataba, repetía uno de sus autores majaderamente mostrando ese desprecio tan característico de los ideólogos socialistas por la realidad, de visiones "normativas" y no de lo que en la práctica funciona.

Pues bien, a dos años y fracción de aplicación de esa "visión normativa" igualitarista, el "otro modelo" fundado en ella no solo ha fracasado colosalmente en sus resultados prácticos, sino en su credibilidad popular. Lo primero, todos los que no nos dejamos llevar por el ideologismo populista del momento lo advertimos desde un principio. El socialismo es la filosofía del fracaso y siempre lo será, y, por tanto, era evidente que el gobierno de Bachelet fracasaría. Incluso, antes de la elección de Bachelet algunos advertimos en medios nacionales y extranjeros que su programa, si podía llamársele así, iba a poner a Chile en un camino ruinoso y de alto costo en términos de prestigio internacional. También anticipamos que en algún momento la gente se daría cuenta de que la izquierda no tiene superioridad moral alguna sobre el resto y de que su sistema era el responsable del deterioro de la calidad de vida por venir.

Lo que no pudimos imaginarnos es que la hipocresía de muchos próceres de la igualdad, que se llenaban los bolsillos mientras alegaban contra el mercado y eran financiados ni más ni menos que por empresarios, entre los que se encontraba el yerno de Pinochet, llegaría a niveles tan delirantes. Tampoco pensamos que la ineptitud, corrupción e incapacidad de ejecutar sus malas ideas llegaría al punto circense al que llegó, ni que su ideologismo mostrara ser tan agresivo e impermeable al diálogo racional. La combinación de prepotencia ideológica, hipocresía, incapacidad, corrupción y malos resultados llevó, por ahora, a que la mayor parte de la ciudadanía no quiera ser más gobernada por la izquierda.

No hay que equivocarse: esto no es esencialmente mérito de la derecha, la que hizo mucho menos de lo esperado para capitalizar el desastre del actual gobierno. Este es fundamentalmente un castigo para quienes se erigieron en profetas indiscutibles de un nuevo Chile, que intentaron imponer de espaldas a la ciudadanía. Los chilenos quieren la sensatez dialogante y pragmática de la socialdemocracia concertacionista y no el radicalismo populista de la Nueva Mayoría inspirada en antiliberalismos teológicos del tipo expresado en "El otro modelo".

Lo ocurrido en las municipales, entonces, no es solo el derrumbe de Bachelet y del gobierno irresponsable que ha conducido, sino de una ideología probadamente fracasada que intoxicó a todo un sector político e intelectual del país a través de consignas y eslóganes irreflexivos. Nada de esto, por cierto, significa que el virus populista ha sido extirpado y que nos salvamos de lo peor. Sin duda, ciertos grupos radicalizarán aun más su propuesta y líderes carismáticos aparecerán con opciones serias de concretarlas. Tampoco será fácil revertir el daño hecho en estos años. Pero al menos hay ahora una oportunidad para rescatar un ideario de progreso e inclusión real. Uno que no vea en la libertad la fuente de nuestros males y en el Estado un demiurgo capaz de elevarnos material y moralmente, sino que entienda que la primera es la fuente del desarrollo económico y social y el segundo, el encargado de protegerla y apoyarla cuidadosamente donde esta se quede corta.

Veremos si la clase política tiene la inteligencia y el coraje de promover una filosofía del éxito revirtiendo la tendencia de deterioro actual, o si solo moderará su demagogia haciéndola más lenta.

BUENA SEÑAL, PERO CUIDADO CON CANTAR VICTORIA.


La reacción que manifestaron los electores de comunas relevantes que se animaron a votar, puede interpretarse positivamente. Es razonable concluir que, entre los que votaron, ha primado el sentido común, en contraposición a la imposición de reformas (educacional, laboral, tributaria, constitucional) que intentan forzar una concepción ideológica (el otro modelo) discurrida por una elite de iluminados y ejecutada con graves desprolijidades.

Si bien son elecciones municipales, donde lo local y el carácter del candidato debieran primar por sobre las concepciones políticas, hay, ciertamente, vínculos entre lo local y lo nacional, como son la educación, la seguridad o los servicios públicos. Por locales que sean los candidatos, ellos tienden a asumir las formas de concebir el rol de la política que distinguen a los conglomerados en competencia a los cuales pertenecen. Los de la Nueva Mayoría, siguiendo la línea refundacional, dando su aquiescencia a iniciativas impuestas desde arriba por una casta de intelectuales a cualquier costo, y los de Chile Vamos, con un enfoque más práctico y cercano a la gente.

Al parecer, la calle, entre otras cosas que le importan mucho, ha rechazado vincular una mejora en la educación a la consolidación de un monopolio estatal dominado por el sindicato de profesores y considera imprudente la idea de lograr mayor igualdad nivelando para abajo, a costa del crecimiento y las oportunidades para la gente común. Intuye que darles el monopolio a los sindicatos en las negociaciones puede no ser bueno para los trabajadores, y no concibe, frente a revelaciones recurrentes de su ineptitud, que el Estado sea siempre una solución para los problemas de la sociedad.

Las propuestas de los candidatos de Chile Vamos se han basado en el reconocimiento de la dignidad intrínseca de los electores; es decir, en el respeto a su afán y su capacidad de avanzar con sus proyectos de vida con la frente en alto, idealmente con independencia del Estado y de grupos de poder, recurriendo a la ayuda solidaria, que debiera existir y ser administrada con eficiencia, eficacia y transparencia, pero solo como un recurso de última instancia. Los chilenos ambicionan un país más libre, más digno, más próspero y en paz. A la luz de los hechos, los candidatos de Chile Vamos representarían mejor ese ideal.

¿Quiere decir que estamos a salvo de intentos refundacionales, de retroexcavadoras, del populismo? ¿Las verdaderas fuerzas progresistas, esas que potencian la infinita capacidad de inventiva y superación de las personas, agrupadas en la coalición de Chile Vamos, tienen aseguradas las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales? La respuesta es claramente no.

Solo un tercio del electorado manifiesta suficiente sensibilidad política o cultura cívica como para molestarse en votar. Un candidato con arrastre, lo que muchas veces implica apelar a las emociones más básicas, lo como demuestra el caso del candidato Trump en los EE.UU. y de tantos otros populistas, podría movilizar, por las razones incorrectas, a una masa suficiente como para conquistar el poder. El resultado de la elección municipal en Valparaíso es un caso que deberemos seguir de cerca.

¿Debemos preguntarnos si, en el contexto de una Nueva Mayoría que pavimenta el camino al populismo -al alejarse de la cordura de los gobiernos que lo antecedieron, al hacer tabla rasa de cuatro décadas de progreso, al enfatizar los derechos sociales y la igualdad y al promover los intereses de grupos corporativos vociferantes-, ante el desprestigio de nuestra "elite" política y la desafección de nuestros ciudadanos con la cosa pública, tendrán nuestras instituciones, los partidos políticos, el Parlamento, el Poder Judicial, la validación social para defender lo correcto por sobre lo presuntamente popular? Chile es aún un país en construcción y debemos cuidarlo.

Como nunca, requerimos fortalecer nuestra cultura cívica y reencontrarnos con la cosa pública. En particular, necesitamos partidos modernos que encanten a los jóvenes por el servicio público y sean capaces de convocar y movilizar a una masa de electores indiferentes.

Nicolás Ibáñez S.

NO HAY NADA TAN ESTABLE COMO EL CAMBIO.

""¿Cómo ser abierto al cambio sin cambiar todos los días? Porque nos volveríamos locos sin una casa o una cama que sea la misma lo más seguido posible, por poner un ejemplo tonto pero real...".

Paula Serrano

La cita anterior es de un gran poeta y autor que recibió recién el Premio Nobel de literatura.El sabía, y trató tal vez que le creyéramos, que no es posible resistirse al cambio. Y que tal vez una alternativa es valorarlo.

No es justo ese consuelo vacío que nos dicen a veces de que todo cambio es bueno y de que hay que estar abierto y no sentir la pérdida, sino disfrutar lo nuevo. Y no es justo porque no es contradictorio.Podemos vivir la pérdida y a la vez abrirnos al cambio, tímidamente, audazmente, como podamos.

La vida actual se define, como nunca antes en la historia, como un tiempo donde el cambio es la norma. Es más, para una empresa es mejor valorado un aspirante a ejecutivo o un profesional postulante que tenga una buena tolerancia al cambio. Porque, como dice Dylan, si el cambio es estable, entonces debemos contar con él como una variable permanente. Quien tenga dificultad para tolerar el cambio no es bueno para una empresa.

Pero está también el valor de la estabilidad y de la estructura. Una persona casada varias veces, por ejemplo, puede ser sospechosa de inestabilidad emocional.

Se enfrenta entonces un problema que no es fácil de resolver. Porque Dylan tiene razón, no hay nada más estable que el cambio. Está en la naturaleza y, por lo tanto, fue parte del mundo desde siempre. Las estaciones cambian cada año y no solo eso, cada año cada estación es distinta de su equivalente del año anterior. Y la vida siempre se asemeja a la naturaleza. Siempre.

¿Cómo ser abierto al cambio sin cambiar todos los días? Porque nos volveríamos locos sin una casa o una cama que sea la misma lo más seguido posible, por poner un ejemplo tonto pero real. ¿Cómo querer y reconocer a un amigo si cambia todo el tiempo? Es probablemente uno de los dilemas más profundos de la vida actual. Actuamos como si la estabilidad existiera y sabemos que no existe, que lo único permanente es el cambio. Duro problema.

Lo que ayuda al hombre es el miedo. También es un sentimiento pasado de moda y que a nadie le gusta. Pero tal vez si entendemos el miedo como una protección al cambio, podemos tolerarlo mejor. ¿Cómo aceptar que cambio y estabilidad van juntos? De eso se trata. Negar el cambio es una mala protección.

EL PESO DE LOS MODELOS.

"Los modelos paternos son de la mayor significación en la construcción de la personalidad. Por eso a veces se sostiene que una psicoterapia para los padres puede ser un factor favorecedor para el desarrollo socio emocional de los niños...".

Neva Milicic

El título de esta columna refleja una realidad que de algún modo es incuestionable, aunque a veces nos moleste reconocerlo. Los parecidos entre padres e hijos, incluso en aquellas áreas en las que a los hijos les gustaría diferenciarse, saltan a la vista, dando cuenta del peso que las figuras paternas tienen en la socialización y de cómo ellas son un factor decisivo en la adquisición de la identidad.

A propósito de las semejanzas, Luci, una mujer muy lúcida de treinta y cinco años, se quejaba de cómo la había afectado la mezquindad de su madre, argumentando: "Quizás lo que más me molesta es cuando reconozco cuánto de mis actitudes poco generosas, incluso con los que más quiero, se originan en la falta de generosidad de mi madre en mi infancia. Me avergonzaba mucho su tacañería y odiaba el control implacable con mis gastos. Ahora de adulta, tengo que luchar para no caer en esas mismas conductas mezquinas que tanto detestaba".

Está comprobado que los modelos paternos son de la mayor significación en la construcción de la personalidad. Por eso a veces se sostiene que una psicoterapia para los padres puede ser un factor favorecedor para el desarrollo socio emocional de los niños.

No es raro que un padre muy desregulado en sus conductas emocionales, que grita y pierde los estribos al menor contratiempo, se sorprenda ante los arrebatos emocionales de su hijo adolescente; o que una madre muy desordenada reclame por el estado caótico en que se encuentra el dormitorio de su niñita de ocho años.

Por supuesto que no se trata de una predicción fatal, ya que siempre hay márgenes de libertad para superar y cambiar aquello que no nos gusta de los modelos familiares. Sin embargo, es difícil que haya cambios si no hay primero una toma de conciencia de cómo nuestros comportamientos y actitudes puedan estar influyendo en la conducta.

El aprendizaje por imitación es una poderosa fuente de conocimiento. Bandura lo llamó aprendizaje observacional o por modelo, y se considera una de las mejores explicaciones de cómo se produce el aprendizaje social. No sólo se aprende de los padres, sino también de los hermanos. Basta mirar cómo los hermanos más pequeños imitan a sus hermanos mayores en sus conductas, en sus actitudes y en su lenguaje.

No hay que desatender el rol del modelaje en el aprendizaje social.

"Está comprobado que los modelos paternos son de la mayor significación en la construcción de la personalidad".

miércoles, 26 de octubre de 2016

LA MUERTE NO SE SUPERA, SE ABRAZA.

dicen que en esta vida todo tiene solución menos la muerte. Cuando muere un ser que amamos profundamente sentimos un dolor que nos traspasa el alma y nuestro corazón se rompe en incontables pedacitos de frustración al perder para siempre a aquella persona tan especial que acariciaba nuestro ser con cada mirada. ¿Qué puede doler más? ¿Saber que jamás podremos volver a verle? ¿Ese montón de palabras que siempre quisimos decir y no pudimos? ¿El hecho de que nosotras estemos aquí y ellos no? ¿Cómo pedirle al alma que no llore por tantas ausencias? Quisiéramos estar en paz, sabiendo que quien murió se marchó a un lugar mejor, en donde se encuentra la paz y la armonía que todos buscamos… Pero en lugar de pensar así, estamos aquí sufriendo, pensando en el dolor que sentimos y derramando las lágrimas más amargas que nunca pensamos derramar. ¡Cómo  nos gustaría devolver el tiempo y hacer tantas cosas que podrían amilanar la tristeza y pesadez que hay en nuestro corazón! Sabemos que algún día la muerte llegará,  sea por el inefable paso de los años o por los desventurados accidentes y enfermedades que acontecen. Pero nunca estamos preparadas para vivir sin aquella persona dueña de nuestra alma, ello es como si te pidieran que empezaras a morir en vida, que visualizaras lo que desearías que nunca pasara. ¿Cómo frenar aquel oscuro vacío en el que caes cuando ves él lúgubre féretro? ¿Cómo calmar al espíritu cuando tras ese frio vidrio ves a la persona que tantas veces viste sonreír? ¿Cómo borrar las esperanzas de creer que fue una equivocación cuando ves a tu familia llorando sobre ese inerte ataúd? ¿Cómo no derrumbarse al tener que aceptar lo que tantas veces quisimos esquivar? No hay palabras ni consuelos que alcancen a darle luz a las oscuridades que te envuelven. ¿Por qué pensar qué todo va a pasar? ¿Qué la política de esta vida es dejar atrás incluso a quienes amamos y nos amaron tanto? Los comentarios de quienes escuchas se vuelven tan superfluos, tan monótonos y faltos de sentido: ¿qué no entienden que el dolor de la muerte de un ser querido no es un hecho fácil de asimilar? Y llega aquella palabra que quisieras que no existiera: la resignación. Pero ¿qué es la resignación? ¿Recordar que hay cosas que no tenemos en nuestras manos y que simplemente debemos vivir? ¿Acaso la resignación borra la tristeza? Hay tantos sentimientos encontrados, no nos imaginamos seguir respirando sin la presencia de la otra persona…  Pero, aunque no queramos, debemos empezar a resignarnos y a cargar con las responsabilidades de lo que hicimos o dejamos de hacer. ¿Pero saben una cosa? Hay algo que es verdad entre tantas palabras que escuchas:la persona que murió no quisiera que sufriéramos a causa de su partida. Ése ser nos amaba y el amor no es sufrimiento, ¿acaso existe alguien que quiera ver sufrir a las personas que ama? Pero somos personas que no pueden evitar ese remolino de tristezas y llanto. La muerte no es algo que se supere, es algo que se acepta. Quizá no encontremos la salida en mucho tiempo, quizá no superemos las ausencias en muchos meses… Pero hay algo que ni siquiera la muerte rompe: el AMOR, y aunque ya no podamos ver a la otra persona, ni sentir su aroma, ni escuchar su voz, ni mirarle a los ojos, ni abrazarle físicamente, siempre podremos cerrar nuestros ojos para recordarle, para decirle desde nuestro corazón que le echamos de menos, que le amamos, que nos perdone, que nos abrace. Y desde ahí, es donde nacen los verdaderos consuelos: desde la eternidad de un sentimiento y no desde lo efímero de una vida mortal. Abraza tu dolor, seguramente el tiempo, como gran maestro, te mostrará el camino a la sanación de tu alma, porque tú no eres un ser de años, eres un ser de eternidades. Sigue leyendo en: https://www.todamujeresbella.com/8690/cuando-muere-un-ser-amado-2/

lunes, 24 de octubre de 2016

VOTAR, AUNQUE SEA EN BLANCO

"¿Para qué? Para que aunque su voto sea en blanco pueda computarse como tal y ser interpretado de la única manera posible: no me gusta el menú...".

Agustín Squella

Hemos sido convocados a elecciones municipales, algo que es propio de una democracia, aunque esta no se agote en el acto de participar en las votaciones periódicas a que somete diversos cargos públicos. Todos pedimos y esperamos más de la democracia, aunque no por entender que ella no satisface aún ciertas demandas que le dirigimos vamos a dejar de participar en las elecciones. No es apropiado restarse al ejercicio de la democracia real (la que tenemos) en nombre de una democracia ideal (que desearíamos tener), y ese mismo ejercicio es una manera de continuar empujando aquella hacia esta. Suele decirse que los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, aunque la verdad es que se resuelven con mejor democracia. Una mejor democracia que depende de la idoneidad de nuestros representantes.

Por tanto, si usted tiene un candidato a alcalde y a concejal de su gusto, vaya a votar. Salga pasado mañana de su casa y haga uso de un derecho que, bien visto, y aunque la ley no lo establezca hoy así, es también un deber. Un derecho y un deber que otorga e impone la ciudadanía, parecido a lo que ocurre con el derecho y el deber de tener un cierto número de años de escolaridad. Sí, no es común que un derecho sea a la vez un deber, pero lo mismo sucede con quienes están matriculados en la educación básica y media: tienen el derecho y también el deber de asistir a clases en el establecimiento que los recibió.

No obstante, vote si quiere es la orden del día desde que tenemos inscripción automática y voto voluntario. Los ciudadanos solo tienen derechos, no deberes, de manera que no se moleste en inscribirse y tampoco en ir a votar: ese fue el mensaje que envió nuestro Congreso Nacional cuando de manera precipitada y oportunista pasó del voto obligatorio a uno voluntario. Una decisión precipitada, sin deliberación suficiente, y también oportunista, por cuanto muchos parlamentarios que la aprobaron, no del todo convencidos, lo hicieron solo como expresión no confesada de su capitulación ante una demanda juvenil con la que querían congraciarse pensando en futuras elecciones. Un error que no pocos de ellos admiten hoy -como también hacemos algunos que por otras razones simpatizamos en su momento con el voto voluntario-, aunque no se atreven a presentar una iniciativa legal para corregirlo. Tampoco el Gobierno se atreve. Otra vez el temor a contrariar a la dominante cultura de los derechos, que será siempre bienvenida, mas no al costo de pulverizar la de los deberes. Dos culturas -si hace falta decirlo- que no se oponen y que nada más se complementan, sin que ninguna de las dos pretenda debilitar y menos acabar con la otra.

Si usted no tuviera candidato a alcalde ni a concejal de su gusto, vaya también a votar. ¿Para qué? Para que su voto en blanco pueda computarse como tal y ser interpretado de la única manera posible: no me gusta el menú, o sea, no me parece idóneo o confiable ninguno de los nombres que aparecen en la cédula, lo cual constituye un mensaje claro para los candidatos que compiten y para los partidos que los presentan. En cambio, la abstención puede ser interpretada de muchas maneras -comodidad (me quedo en cama), frivolidad (me voy a la playa), indiferencia (me da lo mismo), escepticismo (las cosas no van a mejorar), rechazo (ninguno de los candidatos da la talla) o indignación (que se vayan todos)-, tantas que su significado político se diluye.

Junto con ir a votar, incluso en el caso de no tener candidato y hacerlo en blanco, expresemos el deseo de que estas sean las últimas elecciones municipales que se realicen en el marco de una legislación sobre municipios que necesita urgentes reformas para evitar que alcaldes y concejales se momifiquen en sus cargos, para controlar mejor su desempeño, para impedir que durante meses antes de una elección tengan silla y micrófono comprados en radios y canales de televisión regionales, para moderar las excesivas atribuciones de los alcaldes, para profesionalizar la gestión de los municipios, y para eliminar la corrupción que a nivel de ellos se presume más alta que en cualquier otro ámbito público.

DE CHICAGO BOY A CHICAGO GIRL: TRAVESTISMO Y OBTIMISMO.

"Qué distinto sería el Chile de hoy si el gobierno en vez de inspirarse en el resentimiento pesimista y destructivo de Piketty, lo hubiera hecho en el optimismo constructivo y tolerante de McCloskey..."

Gerardo Varela

Coincidiendo con el cambio de pesimismo a optimismo del gobierno, nos visitó Deirdre McCloskey, antes conocido como Donald; economista, escritora de libros y manuales de economía y profesora de la Escuela de Chicago, que a través de varias operaciones se transformó de Chicago Boy a Chicago Girl.

Ella cuenta que a pesar de capitanear un equipo de futbol americano, siempre se sintió femenina, y que su decisión de cambio de sexo (1995) se inició tímidamente poniéndose aros. Cuando le confiesa al decano de Chicago que ha decidido salir del clóset, se produce una pausa de silencio, el decano la mira con cara de intriga y preocupación, y McCloskey le espeta que se cambiará de sexo. El decano de Chicago respira aliviado y le dice "que tranquilidad; por un momento pensé que habías decidido hacerte socialista".

McCloskey es una historiadora económica y tiene un libro muy interesante sobre la "igualdad burguesa". En él propicia y lucha por la verdadera igualdad, que es la liberal: una igualdad ética y no económica. Es una igualdad de trato, de dignidad, de derechos y de oportunidades. Es la igualdad que se logra en sociedades libres, con un gobierno de leyes, con justicia independiente y economías de mercado.

La igualdad económica o de resultados le parece utópica y piensa que solo se logra coactivamente. De hecho, cuando la política se ha centrado en buscar esa igualdad, como hemos experimentado con este gobierno, solo se genera odio; se sacrifica la libertad y se destruye el progreso, como en Cuba.

Con Deirdre se entiende la diferencia entre el cambio de sexo y el travestismo. El primero supone una convicción profunda que fuerza a una persona a recorrer una ruta doloroso en lo físico y en lo emocional. Es un camino sin retorno, y por eso a ella le tomó 50 años decidirse. Distinto es el travestismo, que es simplemente vestirse, o disfrazarse, de mujer. Esto es ocasional, indoloro y reversible.

Nuestro gobierno ahora ha decidido cambiar de negativo y pesimista, a positivo y optimista. Después que Chile era el país más desigual del mundo, plagado de empresarios abusadores, donde nadie pagaba impuestos y la educación era un mamarracho elitista, retrograda y excluyente, de pronto se transforma en un país de emprendedores, trabajadores responsables, con un clima y medio ambiente únicos en el mundo. Esto nos lleva a la pregunta obvia, estamos ante un acto de travestismo oportunista y transitorio o de un genuino cambio irreversible de ideas.

Yo siempre he sido optimista y he creído que tenemos un país fantástico. Hemos progresado enormemente, y si no fuera por este gobierno, su mal diagnóstico y su peor desempeño, seguiríamos progresando. Ahora quiero creer que este cambio gubernamental es genuino. Que el gobierno tiene la convicción de que los chilenos no somos perversos, aprovechadores ni egoístas, sino que como buenos seres humanos, tenemos un poco de todo, y dependiendo de los incentivos que las políticas públicas nos pongan, saldrá lo mejor o lo peor de nosotros.

Como enseña Deirdre, Estado hemos tenido siempre, pero el progreso del mundo solo se logra a partir del liberalismo del siglo XVIII, cuando la filosofía política se centra en respetar al individuo y sus derechos. Son esas ideas pacifistas de libertad individual y protección legal de las personas y su propiedad frente al soberano que genera el progreso del mundo occidental. Las ideas del nacionalismo y socialismo del siglo XIX con el refortalecimiento de los estados y el belicismo asociado, son las que generan los grandes conflictos del siglo XX. A los ideólogos de este gobierno les haría bien estudiar y escuchar a Deirdre.

Alguien dijo que hoy muchas mujeres pueden comportarse como hombres, pero pocas pueden actuar como caballeros. Deirdre, con su humanidad e inteligencia, logró transformarse además de mujer, en una dama. Sus ideas, cultura y humanidad son un bálsamo para nuestro país. Qué distinto sería el Chile de hoy si el gobierno en vez de inspirarse en el resentimiento pesimista y destructivo de Piketty, lo hubiera hecho en el optimismo constructivo y tolerante de McCloskey.