jueves, 12 de mayo de 2016

PERDIDA DE LA INOCENCIA

Sumergiéndose
en la observación de
la pérdida de
la inocencia, nace
al mundo una mujer.
18 de octubre de 2006
Ella, mirando
desvelarse la vida;
él asustado,
frente al amanecer
de la diosa Belleza.
*escrito por Zooey
Tras el espejo
reflejo de juventud
de una niña
mutando a princesa
de los sueños adultos.
*escrito por Marmota
Distintos modos
de perder la inocencia
llevan al mismo
final, la esperanza y el
amor desaparecen.
*escrito por If
Este reflejo
hoy se despide de mí
la superficie
se torna nido tibio.
renaceré al alba.

VIDA

Desde el calor,
la entrega y amor
de los cuerpos;
late la verdadera
esencia de la vida

7 de junio de 2007
Respirar días
contemplarnos semanas
reír y llorar
explorando entornos
aspirando la vida.
*escrito por Marmota
Entrelazados
luna y sol palpitan.
Descansa el mundo
el vientre amamanta
la ilusión de vivir.
*escrito por Enigmática

AMISTAD

Días de retos
entre rocas y olas.
forjan futuros
hombres, que entre juegos
van fraguando amistad.
2 de agosto de 2007
¡Ven, tú, amigo!
Abracémonos juntos
cantando besos,
danzando con la brisa
del mar de nuestros sueños.
*escrito por Angélica Beatriz
Olor de ocle
en andanzas de estíos
áspera roca
donde encontré a mi amigo,
el que sigue conmigo.
*escrito por Zooey
Verano y yo
estando tan tan lejos
el tiempo lejos
los recuerdos se pierden
y por allí te veo.
*escrito por -Pato-

miércoles, 11 de mayo de 2016

Reflexiones sobre Margot Honecker

"...muchos jóvenes ni sabían que Margot vivía un exilio tranquilo en el país más próspero de América Latina, y algunos tienen ya dificultad para imaginar que un muro kafkiano y criminal dividió su apasionante capital..."



Paradójicamente, el fallecimiento de Margot Honecker no termina interpelando a las conciencias de Alemania, sino de Chile. A diferencia de nuestro país, Alemania, enfocada en sus problemas actuales y proyección de futuro, dejó hace años de mantener en un primer plano el desplome de la RDA y la suerte de los máximos representantes de una dictadura que duró en rigor 44 años y acabó hace 27. Alemania dio vuelta la página, muchos jóvenes ni sabían que Margot vivía un exilio tranquilo en el país más próspero de América Latina, y algunos tienen ya dificultad para imaginar que un muro kafkiano y criminal dividió su apasionante capital.

Aunque duela, hay que ser justos con los Hone- cker en Chile: llegaron acá libres de polvo y paja, tras detentar el poder máximo de la dictadura de la RDA entre 1972 y 1989. A Margot no se le pudo comprobar las acusaciones que la vinculaban a la separación forzosa de menores de padres que eran prisioneros o fugitivos políticos, menores que eran dados en adopción a otras familias. Como a menudo ocurre con dictadores, no se hallaron órdenes escritas que la inculparan. Erich también quedó libre, pese a haber sido el jefe de un Estado que encerró durante decenios a sus 17 millones de habitantes y mantenía la orden de tirar a matar a quien intentase huir al capitalismo. La razón: su avanzada edad y cáncer terminal. De ese modo, ambos salieron legalmente de Alemania y entraron en 1992 a Chile, donde tenían familiares y gozaron del apoyo del gobierno de la Concertación.

Técnicamente, el exilio en Chile fue un proceso "limpio" y permitió a los Honecker algo clave: plena libertad de desplazamiento en un país que no los identificaba con nitidez, y residencia lejos de su patria, donde se habrían encontrado -tanto en el Este como el Oeste- con el rechazo, el desprecio, la ira y el dolor de millones. No hay duda, los Honecker no habrían podido salir en Alemania en paz a la calle, ni siquiera a comprar pan o a comer en un restaurante. Así de inmenso fue el rechazo popular a la pareja.

Ambos están ahora muertos, y Alemania los mira desde lejos y desde una creciente amnesia. Hay naciones que saben dar vuelta la página. Como país, quedaremos en la historia como el exilio ideal de los líderes del último Estado totalitario en suelo alemán. Eso, que debió haber sido responsabilidad de los alemanes, no nos lo despintará nadie. En ningún Estado de Europa los depuestos dictadores comunistas pudieron llevar la tranquila vida de inocentes jubilados. Somos nosotros quienes tendremos que responder cómo toleramos sin cargo de conciencia ni manifestaciones en contra que el dictador comunista de la extinta RDA y su mujer pasearan hasta su muerte tranquilos por nuestras plazas y barrios.

Evidentemente, el fallecimiento de Margot, ministra de Educación durante 26 años, inspiradora del adoctrinamiento comunista en todos los establecimientos educacionales y una convencida de que al socialismo "hay que defenderlo con las armas en la mano", replantea el tema de la gratitud del exilio chileno hacia la RDA.

¿Cuál es el grado de gratitud, compromiso y complicidad que el exiliado debe guardar con un régimen que acribilló a centenares de personas en la frontera, registró miles de presos políticos y mantuvo encerrada a su población hasta los 65 años de vida? ¿Debe callarse por gratitud la crítica a un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos? ¿Corresponde a un exiliado chileno callar ante los abusos por haber recibido un departamento, una beca, un puesto de trabajo, un seguro de salud o una visa de salida múltiple de la RDA? Muchos callan, otros justifican los atropellos, algunos dicen no haber visto nada, y otros celebran la dictadura comunista mientras condenan la de Augusto Pinochet. El doble estándar de esa izquierda es impresentable.

A mi juicio, corresponde agradecer lo que se recibió del Estado germano-oriental (en mi caso, ni vivienda ni vehículo, sí durante año y medio una beca universitaria que tuve que complementar con un trabajo de traductor para vivir); pero al mismo tiempo corresponde reconocer que dichos recursos provenían del sacrificio de ciudadanos que vivían en un Estado que los encerraba detrás de muros y alambradas. Hay que reconocerlo sin tapujos: bajo esas circunstancias uno fue, todos fuimos, al menos, cómplices pasivos de esa dictadura, y el único atenuante a favor nuestro es que disentir habría significado la cárcel. Si uno vivió en la RDA, ella nunca dejará de preguntarte: ¿sigues justificando, ahora que ya no existo, el régimen que impuse a los alemanes? ¿Sigues callando hoy ante las violaciones de derechos humanos de la RDA porque la obtención de un par de beneficios estatales bien valía el silencio?

Los Honecker, que nunca mostraron el más mínimo arrepentimiento por sus actos, murieron lejos del país donde causaron tanto daño y sufrimiento. Ojalá descansen en paz y ojalá sus simpatizantes chilenos (abiertos y disimulados) le expliquen al país por qué consideran que unas dictaduras son malas, pero otras, como la que integró Margot durante décadas, son buenas.

Büchi, el síntoma de la derecha


"Hernán Büchi alguna vez fue candidato presidencial -Büchi es el hombre, fue el eslogan-, pero en medio de la campaña renunció, alegando una "contradicción vital"..."




La decisión de Hernán Büchi -irse de Chile y radicarse en Suiza- despertó la sorpresa y el rechazo de casi todos. ¿Acaso no era esperable de una figura como él un mayor compromiso con el país? ¿No era mejor, si las cosas van mal, luchar desde acá para que no empeoren?
Pero la decisión de Büchi no tiene nada de sorprendente.
Lo que de veras sorprende es la sorpresa que causó.

Hernán Büchi alguna vez fue candidato presidencial -Büchi es el hombre, fue el eslogan-, pero en medio de la campaña renunció, alegando una "contradicción vital". Más tarde retomó la campaña a contrapelo, con obvio desgano, contrariando, sin duda, sus deseos más profundos. ¿Por qué extrañarse entonces que ahora, cuando no es candidato presidencial, decida irse, alegando que la sombra de la incertidumbre principia a cubrirlo? La verdad es que la figura pública de Hernán Büchi -la única, desde luego, que la opinión pública tiene derecho a juzgar- siempre mostró un abierto desapego emocional, un cierto desdén disfrazado de crítica, una distancia, un desasimiento hacia el oficio político en el que, sin embargo, y contra su voluntad, según se sabe ahora, estuvo envuelto durante casi dos décadas.

¿Por qué causa sorpresa que ahora, cuando no tiene funciones públicas, haga lo que hizo cuando era nada menos que candidato presidencial?

El problema a examinar entonces no es Büchi -quien no ha hecho más que ser fiel a sí mismo-, sino la derecha. El problema a dilucidar es por qué, a sabiendas del desapego y la desa- fección que Hernán Büchi exhibió una y otra vez desde aquel día en que declaró su "contradicción vital", la derecha pudo, sin embargo, ver en él una figura inspiradora de ideas y de acciones.

En suma, ¿de qué problema de la derecha es Büchi el síntoma?

Büchi es, cuando se mira el panorama de las últimas tres décadas, casi el epítome de quien ve los asuntos comunes como un asunto de mera racionalidad instrumental, como una cuestión de políticas públicas, como un problema estrictamente técnico. Para Hernán Büchi, tanto por vocación personal como por convencimiento ideológico, el espacio público debe estar vacío de adhesiones emocionales, de entusiasmos sustantivos, de ilusiones colectivas que a su juicio solo empañan la racionalidad e inoculan torpeza a las decisiones. Büchi, cuando se le mira ahora, fue así el tecnócrata por antonomasia del Chile de las últimas décadas. Su figura reflejaba, en los hechos, lo que fue también durante ese tiempo la cultura pública de Chile. Y por eso quien, como la derecha, se plegaba a esa figura, a ese ethos , funcionaba razonablemente bien, era capaz de orientarse y de actuar.

Pero ocurre que el espacio público se modificó.

Y Büchi y la derecha se quedaron sin conducta.

Porque lo que a Büchi, y a la derecha, causa incertidumbre e incomodidad no es la contingencia de las reglas o la supuesta inseguridad jurídica, sino el abandono de la política como simple racionalidad instrumental y su reemplazo por la búsqueda, para bien o para mal, de la política concebida como una deliberación acerca de la vida en común, como un cierto tipo de racionalidad sustantiva que busca discernir los fines que deben orientar a la comunidad. Y ocurre que para la derecha -y para Büchi-, acostumbrada durante casi tres décadas, o más, a que la política era el mero diseño de políticas públicas, esta otra concepción de la política que hoy parece extenderse le resulta incomprensible: le parece simple desorden, extravío, exceso y error.

La desafección de Büchi es, por eso, un síntoma de algo más grave que aqueja a la derecha: su incapacidad de involucrarse en el juego de la política concebida como una disputa acerca de la fisonomía del mundo que los ciudadanos tienen en común. Piñera -quien estuvo junto a Büchi en la época de su "contradicción vital"- tiene aquí la oportunidad de mostrar no que él no hará lo de Büchi, sino que él no concibe la política como Büchi, y que por lo mismo es capaz de entusiasmar a la derecha en la tarea de entreverarse en la lucha política concebida como una disputa por configurar el mundo que los ciudadanos tienen en común. En suma, que Gramsci tenía razón y que él, a diferencia de Büchi, es capaz de comprender que la política, mal que le pese, es también una acción cultural.

La retroexcavadora educacional

Cuando se acuñó el concepto de "retroexcavadora" para explicar la intención del Gobierno de desmantelar las políticas públicas vigentes, no visualizamos cuán integralmente representaría su accionar en las áreas más relevantes de la sociedad. La demolición de lo que hay es lo prioritario; la meta futura una vaga utopía. El detalle queda envuelto en una nebulosa y al tener que concretar en proyectos de ley o acciones específicas se actúa con apresuramiento y en forma ineficaz.

El único hilo conductor que se puede visualizar, además de cambiar lo existente, es el intento de crear nuevos mecanismos de poder para el Gobierno o las organizaciones afines a la coalición gobernante. Desafortunadamente, no se piensa en el trabajador marginal, en la mujer desempleada, en el padre ni en el alumno.

Esperemos que el deseo de usar la retroexcavadora se modere. Debemos comenzar a construir nuevamente con realismo. Si no lo hacemos, el progreso que necesitamos para satisfacer las expectativas crecientes de la población nunca llegará
.HERNAN BUCHI



Este afán podría ser explicado por la influencia del Partido Comunista, que todavía defiende el comunismo de Rusia del pasado o de Cuba y Corea del Norte del día de hoy. No es la simpatía popular la que le da su peso, sino la capacidad de extorsión, imponiéndose en el Gobierno y en la calle a la vez.

En el libro "El fenómeno socialista", del disidente ruso Igor Shafarevich, aparece una interesante descripción del instinto destructor del socialismo que él vivió y que el Partido Comunista aún admira. Su historia se inicia como la de un genio matemático, autor de importantes avances en esa ciencia, que se gradúa de la universidad a los 17 años y es usado como símbolo por el régimen, y culmina en los años 70 como autor clandestino que lo desenmascara.

El autor desmitifica la supuesta base científica del socialismo y explica que la propuesta de una sociedad perfecta no es más que una excusa para destruir lo que existe y hacerse con todo el poder -lo que en el caso de la Unión Soviética implicó millones de vidas humanas-.

Es notable como esta dupla -utopía y destrucción- se está dando en la realidad chilena. Con la visión de que todos los anhelos se pueden lograr cambiando la Constitución, se inició un proceso de modificación fuera del mecanismo establecido. Inéditamente, el Gobierno que la impulsa no ha presentado esbozo alguno. La incertidumbre ya está con nosotros y solo se acentuará con el tiempo.

Donde más lejos ha llegado la retroexcavadora es en educación. La utopía y los anhelos han tomado muchas formas en esta área. Más calidad, igualdad, profesores más contentos, familias sin carga financiera, al menos directa, menos sostenedores egoístas, etc. Para proponer utopías no nos quedamos cortos.

Pero con 3,5 millones de estudiantes en nivel escolar y 1,1 millón en educación superior, lo que está en juego es el futuro de Chile, que no debería ser barajado por un grupo de personas en nombre de los millones de padres que están detrás de estos niños y jóvenes. ¿O creemos que los padres chilenos no saben, no pueden o no quieren educar a sus hijos y por eso necesitan que desde el poder central se tomen las decisiones por ellos?

En las últimas décadas, el progreso fue notable. Mientras que solo el 3% de los más pobres accedía a educación superior en el año 90, en 2013 lo hizo el 27%, guarismo cercano a lo se observaba entre los más pudientes hace 25 años. Difícil imaginar mejor muestra de aumento en la igualdad de oportunidades y de ascenso social.

Los avances en cobertura de educación primaria y secundaria son aun más espectaculares si nos remontamos a antes de 1990. Los niños de alta pobreza que no tenían acceso a la educación primaria eran un 43% en 1970 versus 1,7% el 2013. Mientras que solo el 40% de la población de 14 a 17 años accedía a educación secundaria entonces, ahora la cobertura es del 98%. De nuevo, difícil mejor avance hacia un país más homogéneo en sus oportunidades. Por ello durante las marchas multitudinarias que se realizaron a fines de 2014 frases como "esto no es lo que tenemos pensado para el futuro de nuestros hijos, la reforma del gobierno nos pone contra la pared" o "demandamos elegir libremente en qué colegio estudian nuestros hijos y no mediante un sistema que controle el Estado" se escucharon de miles de padres.

Sabemos, sin embargo, que la cobertura no es todo para asegurar el progreso. Para avanzar se requiere -luego de una reflexión serena- construir sobre lo existente. Pero lo que hemos visto son cambios de dudosa conexión con el objetivo de aumentar el capital humano en conocimientos, imprescindible para que el país avance. La reforma se trata, básicamente, de cambios institucionales que disminuyen opciones para los padres, limitan la diversidad, centralizan las decisiones, aumentan la injerencia estatal y facilitan la acción corporativa de grupos interesados con el riesgo de que capturen el sector para su propio interés.

¿Qué permite transitar de la amplia cobertura actual a lograr las mejorías en capital humano que catapulten el progreso? La pregunta no es trivial, pero desafortunadamente no ha sido el centro del debate en estos años.

Entre muchos, hay un trabajo reciente de Eric A. Hanushek y Ludger Woessmann en la revista Science que tiene valiosa bibliografía sobre el tema. Es interesante constatar a lo largo del tiempo que si bien Latinoamérica tiene mayor cobertura, progresa mucho menos que Asia del Este, que tiene una notable menor cobertura educacional en el punto de partida. Las pruebas de rendimiento muestran que un alumno de noveno grado en Honduras está atrasado cerca de 6 años respecto de uno de Singapur. Una parte del problema apunta a los vicios en las políticas del sector, que han estado siempre presentes en la mayoría de nuestros países y que ahora estamos retomando en Chile. Otra parte importante de la explicación indica que las habilidades adquiridas son muy distintas. La posibilidad de elegir colegio y más competencia entre ellos -junto con pruebas de rendimiento académico- se correlacionan positivamente con que las habilidades adquiridas sean mayores. La existencia de colegios de excelencia también tiene un efecto importante en la misma dirección. En estos aspectos hemos desandado camino.


¿Quiénes están detrás de los Pulitzer?


KATHERINE AEDO A.

Son algo así como los Nobel del periodismo en Estados Unidos. Su nombre se debe a uno de los fundadores del periodismo moderno, Joseph Pulitzer, un judío húngaro naturalizado estadounidense, quien cumpliendo a cabalidad eso del "sueño americano", llegó a ser uno de los más importantes editores de diarios a nivel mundial, entre 1883 y 1911. Con la idea de trascender, legó parte de su fortuna -avaluada en 1911 en 30 millones de dólares- para premiar lo mejor de la producción local en materias como teatro, literatura, periodismo y música. Hoy son 21 galardones en distintas categorías, los que se otorgan anualmente a mediados de abril por la Universidad de Columbia, a instancias de The Pulitzer Prize Board. Como otros años, cuando se dieron a conocer, vino la serie de celebraciones de los ganadores, los medios para los que trabajan, sus amigos y familias.
Pero, como los Pritzker, estos premios no están exentos de polémica, aunque los Pulitzer tienen una "gracia": están celebrando su centenario.
La historia de los galardones comienza en 1917, seis años después de la muerte de Joseph, un inmigrante europeo que llegó a Estados Unidos sin nada, en medio de la Guerra Civil Americana (1861-1865), buscando mejores oportunidades. Aterrizó en St. Louis, donde, a punta de esfuerzo, aprendió el idioma y se forjó un futuro, primero, como abogado, y después, como redactor, llegando a ser propietario del diario St. Louis Post Dispatch. Allí fue pionero en mezclar información y entretención, una fórmula que lo hizo millonario. Tuvo una breve carrera política, pero no fue hasta que se estableció en Nueva York que alcanzó la notoriedad que esperaba como propietario, editor y director de los periódicos New York The World y The Evening World.
A diferencia del premio que lleva su nombre, lo suyo no siempre fue el periodismo de calidad. Su carrera estuvo marcada por la rivalidad con otro de los hombres claves del periodismo moderno: William Randolph Hearst, quien llegó a ser propietario y editor de 28 periódicos de circulación nacional y pasó a la historia cuando Orson Welles llevó su vida a la pantalla grande con la afamada película Ciudadano Kane. Su agresiva competencia dio origen al concepto de "prensa amarillista", cuando ambos buscaban vender a costa de informaciones que oscilaban entre el sensacionalismo y la investigación.
Pulitzer construyó un verdadero imperio de la información, del que su descendencia, entre los que se cuentan, por supuesto, redactores, filántropos, artistas y uno que otro socialité , supo sacar dividendos, aunque no por mucho tiempo. Aquí, la historia de un apellido sinónimo de excelencia.